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| Fotografía 11 |
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| Fotografía 12 |
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| 12.01.2001 |
J.R.Altónaga, L. Millán y J.M. Gonzalo |
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| Displasia de cadera en el perro: consejos prácticos |
Concepto y causas de la Displasia de Cadera Canina (DCC)
La DCC es un trastorno en el desarrollo de la articulación coxo-femoral. Los cachorros al nacer poseen una articulación completamente normal, pero durante su crecimiento comienzan a aparecer las alteraciones asociadas a la DCC. Esta característica hace que no sea fácil el diagnóstico precoz del proceso en los cachorros de corta edad, de esta forma cuando el propietario compra su cachorro, no puede realizar un test que le diga de una forma precisa si su perro va a ser o no displásico.
Pues bien, a pesar de los esfuerzos realizados en los últimos años tanto por los veterinarios e investigadores en general que tratan de conocer sus causas, evolución, posibles tratamientos, etc., como por los criadores de las diferentes razas que tratan de eliminarla en los diferentes procesos de selección de las razas caninas; la displasia de cadera permanece como una de las patologías más comunes, principalmente en las razas de gran tamaño.
Los factores que afectan al desarrollo de la DCC han sido ampliamente investigados y continúan siéndolo en la actualidad. El carácter hereditario de esta enfermedad ya comenzó a ser mencionado desde los primeros estudios en 1950 pero a su vez, gran número de posibilidades fueron propuestas como posibles factores etiológicos. Así, para algunos autores estaba asociada a un insuficiente desarrollo de la musculatura pélvica unido a un rápido o excesivo crecimiento del esqueleto, mientras que otros señalaban la posibilidad de que entre sus causas se encontrase una anormalidad del músculo pectíneo. Hoy en día parece demostrado que la reducción de la masa muscular pélvica que se observa en los perros afectados de DCC es más una consecuencia de ésta que su causa.
Dentro de los factores de tipo nutricional, se ha señalado que la DCC podía ser prevenida mediante tratamientos con elevadas dosis de vitamina C pero estudios realizados posteriormente demostraron que la administración de vitamina C no podía ser recomendada para la prevención de la DCC.
La teoría aceptada en la actualidad es que la DCC es una enfermedad multifactorial. Presenta un fuerte componente genético, con un índice de heredabilidad muy alto, así como una serie de factores medioambientales, nutricionales o de manejo en general que actúan favoreciendo o evitando su aparición. En todos estos factores parecen estar claramente demostrados el exceso de actividad de los cachorros, los alojamientos con pisos resbaladizos o las dietas que favorecen un crecimiento rápido de los cachorros.
Es fundamental el cuidado de la alimentación de forma que el pienso que se suministre al cachorro esté perfectamente balanceado tanto en energía como en minerales y vitaminas permitiendo que, en estos animales de crecimiento rápido, se compense el crecimiento de los huesos y el de los tejidos blandos, sobre todo la musculatura ya que, uno de los factores que predisponen al desarrollo de la displasia, es una insuficiente masa muscular respecto al esqueleto. Nunca se debe complementar con calcio la alimentación del perro en crecimiento; es uno de los errores más extendido y que más perjuicios ha provocado.
Síntomas clínicos de la DCC
La historia y los signos clínicos de un perro con displasia de cadera pueden variar ampliamente. Existen animales displásicos que no presentan ninguna sintomatología, mientras que otros pueden estar completamente cojos. No debemos olvidar que al ser la DCC una enfermedad que va afectar a ambas caderas en el 90% de los animales, los síntomas clínicos se presentan en ambos miembros posteriores siendo infrecuente ver perros que cojeen de una única extremidad, aunque también es cierto que siempre una de las caderas está peor que la otra.
En general los perros de razas de talla grande o gigante van a verse afectados con mucha más frecuencia que perros de raza pequeña.
Clásicamente se han descrito dos grupos de perros con displasia de cadera, perros con menos o con más de un año de edad. En el primer grupo se trata de cachorros que presentan dificultades al correr o subir al coche, con una intolerancia al ejercicio mayor que el de sus hermanos de camada o compañeros de juegos. Los síntomas clínicos en estos animales jóvenes son debidos a la distensión de la cápsula articular secundaria a la efusión articular (excesivo acúmulo de líquido sinovial en la articulación). Hay que resaltar, que en muchos de estos animales jóvenes, los síntomas clínicos van a desaparecer casi por completo a medida que se alcanza la madurez, sin la necesidad de haber administrado ningún tipo de droga; otras veces, sin embargo, los síntomas perduran e incluso empeoran siendo necesario un tratamiento médico o quirúrgico.
Un segundo grupo de animales (mayores de 1 año), serían aquellos en los que los síntomas clínicos van a ser secundarios a la artrosis existente como consecuencia de la displasia de cadera. La gravedad de los síntomas varía con cada individuo y generalmente va a empeorar con la edad a medida que la artrosis es más grave. Es frecuente ver perros viejos con artrosis de cadera que presentan muchos problemas al subir escaleras, subir al coche, correr, etc. Estos síntomas se agudizan en climas fríos y húmedos.
Diagnóstico de la DCC
Este proceso se diagnostica fundamentalmente mediante radiología convencional utilizando una serie de posiciones estándar que van a permitir medir, sobre la placa radiográfica, unos ángulos determinados que proporcionan una evidencia objetiva de la presencia o ausencia de displasia (fotografía 1; Ángulo de Norberg. Localización del centro de la cabeza femoral) (fotografía 2; Ángulo de Norberg >105 grados) (fotografía 3; Radiografía de perro libre de displasia de cadera) (fotografía 4; Radiografía de perro libre de displasia de cadera).
Las radiografías deben realizarse en un centro veterinario y preferiblemente con el animal bajo anestesia general, en el perro despierto no es fácil obtener las radiografías porque la posición les resulta incómoda y, si el animal tiene displasia, puede ser dolorosa. Tras su realización, estas radiografías se remiten perfectamente identificadas a un centro de lectura homologado que proporciona posteriormente el diagnóstico del perro y el grado de displasia que presenta si es positivo al padecimiento de la enfermedad. Normalmente la displasia se clasifica en ligera, mediana y grave (fotografía 5; Radiografía de perro sospechoso de displasia de cadera) (fotografía 6; Radiografía de perro sospechoso de displasia de cadera) (fotografía 7; Radiografía de perro con ligera displasia de cadera) (fotografía 8; Radiografía de perro con ligera displasia de cadera) (fotografía 9; Radiografía de perro con nivel medio de displasia de cadera) (fotografía 10; Radiografía de perro con nivel medio de displasia de cadera) (fotografía 11; Radiografía de perro con de displasia de cadera grave) (fotografía 12; Radiografía de perro con de displasia de cadera grave).
Importancia del diagnóstico precoz
PARA EL CRIADOR
Permite establecer un programa de selección y eliminar de la reproducción aquellos animales que no se consideran aptos según su grado de displasia. El criador puede informar, además, adecuadamente a los futuros dueños del estado de los progenitores del cachorro y recomendar las medidas de manejo más adecuadas.
PARA EL DUEÑO
Si establece que su animal es displásico, se pueden tomar una serie de medidas para ralentizar el desarrollo de la enfermedad y proporcionar a su mascota una calidad de vida apropiada.
Soluciones a la DCC
La Displasia de Cadera Canina (DCC) presenta dos graves problemas. El primero es conseguir disminuir la incidencia de esta enfermedad en la población canina por medio de una identificación precoz y precisa de los perros displásicos y eliminándolos de los programas de cría. El segundo problema es como tratar adecuadamente y de forma individual a aquellos perros afectados para asegurarles una buena calidad de vida.
Estos mismos problemas se le plantean al dueño cuando descubre que su perro padece displasia de cadera, e inmediatamente ese problema se traslada a el veterinario, surgiendo una serie de incógnitas:
¿La DCC tiene solución o es mejor eutanasiar al animal?
¿Cuando estaría indicado un tratamiento médico conservador y cuando un tratamiento quirúrgico?
¿Qué tratamiento quirúrgico es el mejor?
Realmente no existe una única respuesta ni un único tratamiento válidos para todos los perros con displasia de cadera, ni tampoco para todos los dueños. Existen multitud de factores que debemos tener en cuenta; factores propios del animal (edad, tamaño del perro, presencia de cambios artrósicos, etc.) y factores socioeconómicos (posibilidades económicas, manejo del animal, etc).
Habrá mucha gente que piense que la eutanasia nunca debería ser contemplada, pero debemos tener en cuenta que no todos los casos son iguales, pongamos como ejemplo el de un dueño criador que tiene multitud de perros no únicamente por cariño o amor a los animales, sino también para obtener un beneficio (criar y vender cachorros), no olvidemos que la DCC se hereda , por lo que la cría y reproducción de ese perro con displasia nunca debería realizarse. Podría, por lo tanto, entenderse que ese dueño quisiera desprenderse de ese cachorro displásico, dado que aunque pudiéramos llegar a aliviar sus síntomas, no sin un gasto económico importante, nunca podría utilizarse para la cría.
Una situación diferente, es la que nos plantean la mayoría de los dueños, donde la relación de afecto con su mascota, exige contemplar otros tratamientos.
Existe una posibilidad de tratamiento quirúrgico en animales muy jóvenes y con un grado importante de luxación de la cabeza femoral que se denomina triple osteotomía pélvica (TOP); se realiza en animales de alrededor de los seis meses de edad que aún no han completado el crecimiento y en los que no haya evidencia de artrosis. Se trata de una cirugía técnicamente complicada y bastante cara, aunque las posibilidades de éxito también son elevadas, con la ventaja que supone mantener intacta la articulación original.
Ya hemos comentado que bastantes de estos animales que cojean durante el crecimiento van a dejar de hacerlo una vez completado el crecimiento. Sin embargo, todos estos animales van a desarrollar, con mayor o menor rapidez, todos los cambios secundarios que provoca la falta de congruencia de la cabeza femoral con el acetábulo. Con el paso del tiempo estos cambios se hacen crónicos y llevan a degeneración tisular, cambios osteoartríticos y finalmente artrosis de cadera. Llegados a este punto la única solución real es la colocación de una prótesis de cadera; sin embargo no todos los dueños pueden afrontar el elevado coste de esta cirugía, en estos casos puede intentarse un tratamiento conservador a base de ejercicio moderado, control del peso, y diferentes medicamentos (antiinflamatorios y protectores del cartílago articular) como terapia paliativa que hacen la vida del perro más placentera.
En los perros de menos de 20 kilogramos, la artroplastia de escisión de la cabeza femoral es una técnica con la que se obtienen excelentes resultados, y bastante más económica. Aunque en principio no es la técnica de elección para animales de más peso, en aquellos casos en que no consigamos una mejoría clara con el tratamiento médico, y el propietario no pueda pagar una prótesis de cadera, la artroplastia de escisión puede ser una alternativa.
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